El campo de acción de la psicoterapia es tan vasto que puede resultar difícil encontrar el terapeuta idóneo. Lo mejor es proceder con cautela y considerar recomendaciones. La formación del psicoterapeuta también puede ser muy variada. Lo importante es la confianza que nos inspire y los resultados que vayamos experimentando.

El tratamiento depende de la especialidad del terapeuta: puede ser individual, de pareja o de grupo; basarse en la expresión de ideas o de sentimientos, y recurrir al dibujo, la música u otras actividades artísticas para propiciar los cambios. Asimismo, la persona puede desempeñar un papel activo en las sesiones o simplemente ejecutar órdenes.

Para no decepcionarse, conviene preguntar al terapeuta en la primera consulta cuáles serán los objetivos a largo plazo del tratamiento, pero hay que tener presente que éstos pueden cambiar conforme pase el tiempo.

Por lo general, en la primera sesión se interroga al paciente acerca de los motivos de su visita, sobre la naturaleza de sus problemas y sus expectativas sobre el tratamiento. La persona debe aprovechar esa ocasión para cerciorarse de que el terapeuta cuenta con la experiencia y los conocimientos para ayudarla (por ejemplo, debe hacer sugerencias sensatas).

Si el terapeuta propone un tratamiento de muchos meses o años de duración y no se está dispuesto a aceptarlo, es aconsejable acudir a otro especialista, pues el éxito de la psicoterapia depende de la compatibilidad entre el terapeuta y el paciente y las imposiciones sólo lograrían complicar más las cosas.