Para retratarse hay que mirar al si mismo. Pero cuando trato de mirar a un presunto mi mismo, siempre veo a otro, y por lo general, no suelo reconocerme.

– J. A. Valente –

 

¿Quien soy princesa o sapo?

En el reino de los lagos habitan muchas princesas y príncipes que creen poseer grandes dotes de bondad y belleza única. Quien se aproxima a sus tierras húmedas le resulta fácil percibir sus aires de grandeza, respecto al resto de especies animales; en particular, la de los sapos, a quienes otorgan cualidades contrarias a las suyas.

Cuenta la historia que cuando un sapo es besado por una princesa, éste se convierte en príncipe, recobrando su pureza. La creencia de sus dotes salvadoras otorgadas por el rey de los cielos, le cede ese poder mágico, que le exime de toda culpa a la princesa. Pues desde niña fue sumisa y complaciente como siempre le inculcaron, a cambio de ser vista, atendiendo las necesidades narcisistas de sus padres. Pronto asumió ser necesitada en vez de ignorada.

La mayoría de los príncipes no tuvieron una menor suerte, negando también sus necesidades infantiles.

Ambos, príncipe y princesa, debían reprimir sus actos espontáneos y emociones verdaderas, asumiendo su rol familiar sin queja ni llanto. Parece ser que aprendieron a ignorar sus frustraciones, pues si no cumplían los mandatos esperados eran hechizados y convertidos en sapo.

 

Proyección en el espejo

La proyección es un fenómeno psicológico en el que la persona es incapaz de reconocer cosas de si mismo que le resultan desagradables, colocándolas fuera en otro individuo u objeto. Ve reflejado en el otro defectos y virtudes propias, de forma inconsciente.

Es un proceso automático que se origina en la niñez durante el desarrollo de la personalidad del infante. Si fuera conciente de su propia proyección sentiría una enorme angustia o ansiedad, por ello, es un mecanismo inconsciente cuya función es evitar sentir ansiedad.

El sujeto ha ido creciendo desarrollado un yo interno juzgador, crítico, para salvarse de sus culpas. De todas aquellas emociones, pensamientos, impulsos y deseos que considera «malos», expulsando fuera sus responsabilidades adjudicándosela a los demás.

Las proyecciones pueden ser positivas (admiración, idealización, simpatía, cariño…) o negativas (odio, envidia, ira..).
Ambas formas son neuróticas al defenderse de tomar conciencia de introyectos que repudia.

El enamoramiento es un ejemplo claro de proyección positiva en el que el enamorado/a idealiza a otro ser como intento de satisfacción de sus vacíos emocionales. Lamentablemente el hechizo se rompe cuando acaba el amor…

Otro ejemplo proyectivo sería la escena de una mamá que siente que es malo que su bebé llore; a ella tampoco escucharon la lírica de su canto. A los reyes le enseñaron que los hombres son fuertes y nunca lloran… Y al principito le pusieron el chupete… No los juzguemos, desconocen el efecto terapéutico del canto del sapo. Dejemos de proyectarnos; simplemente, permíteme expresarme libremente  con este cuento.

 

Buscando dónde proyectarse

¿Te has preguntado por qué te molesta tanto algo que no soportas de tu pareja? ¿Alguien a quien no conoces te cae mal desde el primer instante que le viste?

Las relaciones interpersonales puede resultar una enorme charca donde verse reflejado, en el que muchos seres humanos creen sentirse príncipes y princesas, buscando sapos a quien colgar la culpa de sus frustraciones.

 

Metamorfosis del sapo

La rana o sapo es un tótem universal, representa cambio, comienza siendo un pez, y luego se convierte en un animal de tierra… Según su simbología totémica el canto de la rana trae la lluvia, y con ello la limpieza de la tierra. Del mismo modo, las lágrimas limpian el alma. Los sapos también lloran…

Quizás un día el sapo despierte al darse cuenta que como príncipe o princesa besa el reflejo de su propia imagen, es entonces cuando se convierte en verdadero rey y reina.

Finalmente el sapo al reconocerse frente al espejo, deja de verse en los demás, en sus relaciones. Retoma su imagen e inicia el proceso de mutación. Puede ser un buen momento para aprender a conocerse, aprovechando ese ideal como herramienta transformadora.

Si se cruza una rana o sapo en tu camino, tienes suerte… Alguien que se encuentra en camino de evolución tiene un enorme poder de fertilidad, generando crecimiento contagioso. Su pureza le aporta dotes de liderazgo curativas verdaderas, debido a su conexión con las lluvias y aguas profundas de lagos montañosos. Habitan en tierra fértil desde hace miles de millones de años. Su sabiduría es herencia de sus antepasados que renace de nuevo para continuar la metamorfosis.

¿Te atreves a sumergirte en las húmedas aguas de este pantano?

 

Yolanda Ruiz La Psicoterapeuta

Desde mi diván,
Relatos para sentir y despertar

 

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